Añades un poco de nata a una salsa, preparas una pasta cremosa o montas nata para un postre y aparece la duda: ¿la nata engorda mucho o todo depende de la cantidad? La nata engorda solo en el sentido de que es un alimento con una elevada densidad energética, especialmente cuando contiene alrededor de un 35 % de materia grasa. Sin embargo, consumir nata no provoca automáticamente un aumento de peso: importan la cantidad, la frecuencia y el conjunto de la alimentación. Mantener durante el tiempo una ingesta de energía superior a la que el organismo utiliza es lo que favorece el aumento de peso.
Pero no todas las natas son iguales. ¿Qué significa exactamente tener un 35 % de materia grasa? ¿Engorda más la nata para montar que la de cocinar? ¿Qué diferencias hay entre productos de Mercadona o Carrefour? En este artículo compararemos calorías, grasa, tipos de nata y cantidades para entender cómo utilizarla sin excedernos.
Curiosidad
El 35 % de materia grasa no es una cifra casual en muchas natas para montar. La grasa ayuda a formar la estructura que atrapa y estabiliza las burbujas de aire cuando batimos la nata; por eso, las natas con alrededor de un 35 % de grasa montan con facilidad y adquieren una textura firme. Si seguimos batiendo demasiado, esa misma grasa empieza a agruparse cada vez más hasta que la nata puede terminar convirtiéndose en mantequilla.
¿La nata engorda?
¿Por qué la nata engorda más fácilmente que otros lácteos?
La nata engorda con mayor facilidad que muchos otros lácteos cuando se consume en cantidades grandes o con frecuencia porque concentra mucha más grasa y, por tanto, bastante más energía en una cantidad pequeña de alimento. Esto no significa que sea un producto “malo” ni que leche, yogur o queso sean automáticamente mejores: la diferencia fundamental está en la composición, la cantidad consumida y el conjunto de la alimentación.
La grasa es especialmente relevante porque aporta alrededor de 9 kcal por gramo, frente a unas 4 kcal por gramo aportadas por proteínas y carbohidratos. Por eso, cuando aumenta considerablemente la proporción de grasa de un alimento, normalmente también aumenta su densidad energética.
Podemos entenderlo fácilmente comparando cuatro productos lácteos:
Leche
Contiene una gran proporción de agua y, dependiendo de si es entera, semidesnatada o desnatada, una cantidad relativamente pequeña de grasa.
Yogur
Su composición varía enormemente según el tipo, pero muchos yogures naturales siguen teniendo bastante menos grasa que una nata para montar.
Nata
Concentra la fracción grasa de la leche. Una nata con alrededor de un 35 % de materia grasa es, por definición, mucho más rica en grasa que una leche convencional.
Mantequilla
Lleva esta concentración todavía más lejos y está compuesta fundamentalmente por grasa láctea.
Su elevada proporción de grasa
Esta es la principal razón por la que la nata presenta una densidad energética elevada.
Cuando hablamos de una nata 35 materia grasa, estamos indicando que aproximadamente un 35 % de su peso corresponde a grasa. Esto permite entender por qué un volumen relativamente pequeño puede aportar una cantidad considerable de energía.
La diferencia frente a la leche es evidente desde el punto de vista conceptual. La leche conserva una cantidad mucho mayor de agua y una proporción de grasa bastante inferior, mientras que la nata se obtiene precisamente concentrando la parte grasa.
Eso significa que no necesitamos consumir un gran bol de nata para añadir una cantidad apreciable de energía a una comida. Un pequeño volumen puede ser suficiente.
La comparación con el yogur requiere más cuidado, porque existen yogures:
- desnatados;
- enteros;
- griegos;
- enriquecidos con nata;
- azucarados;
- con ingredientes añadidos.
Por eso no podemos decir que “todo yogur engorda menos que toda nata”. Sin embargo, si comparamos un yogur natural convencional con una nata del 35 %, la nata suele presentar una proporción de grasa mucho mayor.
Con la mantequilla sucede lo contrario: esta lleva la concentración de grasa todavía más lejos, de modo que normalmente resulta aún más energética por unidad de peso que la nata.
Mayor densidad energética
La densidad energética indica cuánta energía obtenemos de una determinada cantidad de alimento.
Este concepto ayuda mucho a entender por qué la frase “la nata engorda” aparece con tanta frecuencia.
Imagina dos alimentos que ocupan aproximadamente el mismo espacio en una cuchara. Uno contiene principalmente agua y el otro una proporción elevada de grasa. El segundo puede aportar mucha más energía aunque visualmente la cantidad parezca similar.
La nata pertenece a ese segundo grupo.
Por eso una pequeña cantidad puede parecer poco importante dentro de una receta cuando, desde el punto de vista energético, no lo es tanto.
La FDA recuerda que las calorías representan la energía aportada por proteínas, carbohidratos, grasas y alcohol, y que para mantener un peso corporal saludable importa el equilibrio entre las calorías ingeridas y las utilizadas por el organismo.
Esto permite hacer una distinción importante:
La nata tiene una elevada densidad energética, pero eso no significa que una pequeña cantidad haga aumentar automáticamente de peso.
El problema aparece cuando la suma de alimentos muy energéticos y sus cantidades contribuye habitualmente a superar las necesidades energéticas de la persona.
Nata, leche, yogur y mantequilla: no cumplen la misma función
También debemos evitar comparar estos cuatro alimentos únicamente por sus calorías, porque suelen utilizarse de manera diferente.
No solemos beber un vaso de nata como beberíamos un vaso de leche.
Tampoco utilizamos normalmente 200 gramos de mantequilla como consumiríamos un yogur.
Las raciones reales cambian completamente la comparación.
Por ejemplo:
- La leche puede consumirse en un vaso.
- El yogur suele consumirse como una unidad completa.
- La nata puede añadirse a una salsa en cantidades variables.
- La mantequilla suele utilizarse en cantidades relativamente pequeñas para untar o cocinar.
Por eso, comparar únicamente la información nutricional por cada 100 gramos puede resultar engañoso si después ignoramos cuánto estamos consumiendo realmente.
La propia FDA destaca que el tamaño de la ración es fundamental para interpretar correctamente las calorías y los nutrientes: consumir dos raciones en lugar de una duplica aproximadamente las calorías y nutrientes ingeridos.
Es fácil utilizar más nata de la que parece
Este probablemente sea el aspecto práctico más interesante.
La nata se utiliza muchas veces como ingrediente, no como alimento que medimos conscientemente antes de comerlo.
Imagina que preparas una salsa para cuatro personas y añades un envase de 200 ml de nata.
Visualmente puede parecer simplemente:
“un poco de nata para dar cremosidad”.
Pero esos 200 ml terminan repartidos en el plato.
Si toda la salsa se distribuye por igual entre cuatro personas, cada una recibe aproximadamente una cuarta parte de la nata utilizada. Si la receta es para dos personas, la cantidad por comensal será mucho mayor.
Y a eso debemos sumar:
- aceite utilizado para cocinar;
- pasta, arroz o patatas;
- queso;
- carne;
- bacon;
- pan;
- otros ingredientes de la receta.
Por eso, en muchas ocasiones la nata engorda más fácilmente no porque comamos nata a cucharadas, sino porque su cantidad queda “escondida” dentro de una preparación.
Una salsa puede cambiar completamente según la cantidad
Pensemos en tres versiones de una misma crema o salsa:
Versión 1:
20-30 ml de nata para terminar una preparación de varias raciones.
Versión 2:
100 ml de nata como parte importante de la salsa.
Versión 3:
200 ml de nata como base principal de una receta para pocas personas.
El ingrediente es el mismo, pero la contribución energética por plato puede ser muy diferente.
Esto explica por qué la pregunta correcta no debería ser solamente:
“¿La nata engorda?”
sino también:
“¿Cuánta nata estoy utilizando y entre cuántas personas se reparte?”
También importa lo que acompaña a la nata
La nata rara vez aparece aislada.
En platos salados suele encontrarse junto a ingredientes como:
- pasta;
- queso;
- mantequilla;
- aceite;
- carnes;
- bacon.
En postres puede combinarse con:
- azúcar;
- chocolate;
- helado;
- bizcochos;
- tartas.
Por tanto, responsabilizar únicamente a la nata del contenido energético de una receta puede ser una simplificación.
Una pasta con nata, queso y bacon será energéticamente distinta de una crema de verduras a la que simplemente añadimos una pequeña cantidad de nata al final.
Entonces, ¿por qué parece que la nata engorda más?
Principalmente por tres razones:
1. Tiene mucha grasa.
Especialmente las variedades destinadas a montar, que pueden rondar el 35 % de materia grasa.
2. Concentra bastante energía en poco volumen.
La grasa aporta 9 kcal por gramo, por lo que pequeñas cantidades pueden sumar energía rápidamente.
3. Es fácil perder de vista la cantidad consumida.
Cuando forma parte de una salsa, crema o postre, resulta menos evidente cuánto termina realmente en nuestra ración.
Por eso, más que pensar que la nata engorda inevitablemente, conviene recordar una regla muy sencilla:
porcentaje de materia grasa + cantidad utilizada + número de raciones + resto de la receta.
Esos cuatro elementos permiten entender mucho mejor cuánto aporta realmente la nata que limitarse a clasificarla como un alimento que “engorda” o “no engorda”.
La textura de una buena nata montada

¿Qué significa nata 35 materia grasa?
Una nata 35 materia grasa significa que aproximadamente el 35 % del peso del producto corresponde a grasa láctea. Dicho de otra forma, estamos hablando de alrededor de 35 gramos de grasa por cada 100 gramos de nata, aunque siempre conviene comprobar la etiqueta del producto concreto porque puede haber pequeñas diferencias entre fabricantes.
Este porcentaje no es únicamente un dato nutricional. También condiciona enormemente cómo se comporta la nata en cocina, especialmente cuando queremos montarla. La grasa participa en la formación de la estructura que permite incorporar y mantener aire durante el batido, de modo que una nata con suficiente materia grasa puede adquirir una textura firme y estable. La literatura de ciencia láctea utiliza precisamente las natas de alrededor del 35-40 % de grasa como referencia para explicar la estructura de la nata montada.
Además, desde el punto de vista legal europeo, la nata se define como una emulsión de grasa en agua obtenida de la leche y con un contenido mínimo del 10 % de grasa láctea. Esto explica por qué dentro de la categoría “nata” podemos encontrar productos con porcentajes de grasa muy diferentes.
¿La nata 35 % es muy grasa?
La búsqueda “nata 35 grasa” suele referirse precisamente a una nata que contiene aproximadamente un 35 % de materia grasa. En comparación con la leche, el yogur convencional o determinadas natas ligeras para cocinar, se trata de un producto bastante concentrado en grasa.
Sin embargo, decir que es “muy grasa” necesita contexto. Ese 35 % no significa que el 35 % de sus calorías proceda de la grasa: significa que 35 de cada 100 gramos del producto son grasa. Como la grasa aporta más energía por gramo que proteínas o hidratos de carbono, una nata de este tipo presenta también una elevada densidad energética.
Por eso, si analizamos si la nata engorda, el porcentaje de materia grasa es un dato especialmente útil.
Una nata con:
35 % de materia grasa
tendrá, aproximadamente:
35 g de grasa por cada 100 g de producto.
Pero la cantidad que realmente consumamos sigue siendo fundamental. No es lo mismo utilizar 20 ml para terminar una salsa que consumir 100 o 150 ml en una sola ración.
¿Por qué muchas natas para montar tienen alrededor de 35 %?
Aquí está la parte gastronómicamente más interesante: la grasa no está únicamente para aportar sabor o cremosidad; es esencial para que la nata pueda montar correctamente.
Cuando batimos nata fría, introducimos pequeñas burbujas de aire. Al mismo tiempo, los glóbulos de grasa comienzan a agruparse parcialmente alrededor de esas burbujas. Se forma así una red tridimensional que ayuda a mantener el aire atrapado y proporciona a la nata su característica textura espumosa y firme.
Podemos imaginar el proceso así:
nata líquida + batido + aire + grasa parcialmente agrupada → nata montada estable
Por eso una proporción suficiente de grasa facilita enormemente el proceso.
¿Por qué 35 % y no exactamente otra cifra?
El 35 % no es una frontera universal según la cual una nata con 34,9 % no monte y una con 35 % sí.
Es más bien un porcentaje muy utilizado comercialmente porque proporciona una cantidad de grasa suficientemente elevada para conseguir buen volumen, estabilidad y textura durante el montado. La referencia académica de la Universidad de Guelph señala que las natas comerciales para montar suelen estandarizarse alrededor del 35 % de grasa, y describe la nata montada utilizando composiciones del 35-40 %.
También existen productos con porcentajes ligeramente superiores o inferiores que pueden montarse dependiendo de su composición y proceso de elaboración.
Entonces, ¿qué significa realmente “35 % materia grasa”?
Cuando encuentres en el supermercado una nata 35 materia grasa, recuerda dos cosas.
Desde el punto de vista nutricional, significa que aproximadamente 35 g de cada 100 g corresponden a grasa, por lo que estamos ante un alimento bastante concentrado energéticamente.
Desde el punto de vista culinario, esa elevada proporción de grasa es precisamente una de las razones por las que funciona tan bien para montar, estabilizar aire y conseguir una textura cremosa y firme.
Por eso el 35 % no debería interpretarse únicamente como “una nata que engorda más”. También describe una propiedad que condiciona profundamente para qué sirve esa nata y cómo se comportará en una receta.
Más grasa también modifica la textura en boca
El porcentaje de materia grasa no afecta únicamente al montaje.
Una nata con alrededor del 35 % suele presentar:
- mayor cuerpo;
- textura más cremosa;
- sensación más rica en boca;
- mayor densidad energética;
- mayor capacidad para aportar untuosidad a una preparación.
Esto explica por qué una nata 35 materia grasa puede utilizarse tanto en repostería como en determinadas recetas saladas cuando buscamos una textura especialmente cremosa.
Pero también significa que debemos tener en cuenta la cantidad utilizada si el objetivo es controlar la ingesta energética.
La grasa ayuda a incorporar y mantener el aire
Al batir, no estamos simplemente “espesando” la nata. Estamos introduciendo una enorme cantidad de pequeñas burbujas de aire.
Para que esas burbujas no desaparezcan inmediatamente, necesitamos una estructura capaz de estabilizarlas.
La grasa cumple precisamente esa función.
La Universidad de Guelph explica que, en una nata de aproximadamente 35-40 % de grasa, los glóbulos grasos comienzan a coalescer parcialmente durante el batido, formando cadenas y agrupaciones alrededor de las burbujas de aire. Esa red estabiliza la espuma y produce la textura firme característica de una nata bien montada.
Por eso también importa la temperatura
La nata monta mejor cuando está fría.
No es simplemente una tradición culinaria. Parte de la grasa debe mantenerse en estado cristalino para que los glóbulos puedan agruparse parcialmente y construir esa red que estabiliza el aire.
Si la nata está demasiado caliente, una mayor proporción de la grasa permanece líquida y resulta más difícil conseguir una estructura estable. La ciencia láctea destaca precisamente que la formación de nata montada depende mucho de la temperatura y del estado físico de la grasa.
Por eso suele funcionar mejor:
nata bien fría + recipiente frío + batido progresivo.
¿Qué ocurre si una nata tiene poca grasa?
Cuanto menor sea el porcentaje de grasa, más difícil puede resultar crear y mantener una estructura suficientemente estable para montar.
Esto explica por qué una nata ligera pensada principalmente para cocinar puede funcionar perfectamente para:
- salsas;
- cremas;
- sopas;
- gratinados;
pero no necesariamente tendrá la misma capacidad para convertirse en una nata montada firme.
No debemos asumir que cualquier producto denominado “nata” puede montarse. Hay que comprobar el porcentaje de materia grasa y las indicaciones del fabricante.
¿Qué pasa si seguimos batiendo demasiado?
La misma grasa que permite montar la nata puede provocar otro resultado si continuamos batiendo.
Cuando el batido se prolonga demasiado, los glóbulos de grasa continúan agrupándose hasta que la estructura que mantenía las burbujas de aire empieza a romperse. Finalmente, la grasa se separa de la fase líquida y comienzan a formarse partículas de mantequilla.
La secuencia es aproximadamente:
nata líquida → nata montada → nata demasiado batida → mantequilla + suero de mantequilla
Esta es precisamente una de las mejores demostraciones de la importancia tecnológica de la grasa de la nata.
Nata y fresa, la combinación perfecta

Tipos de nata y materia grasa
No todas las natas tienen la misma cantidad de grasa ni aportan la misma energía.
La siguiente tabla resume las principales diferencias entre los tipos de nata más habituales:
| Tipo | Materia grasa | Densidad energética | Uso habitual |
|---|---|---|---|
| Nata ligera | Variable | Generalmente menor | Cocina |
| Nata para cocinar | Variable según el producto | Media o alta según su composición | Salsas, cremas y platos cocinados |
| Nata para montar | Habitualmente más elevada | Alta | Nata montada, repostería y postres |
| Nata alrededor del 35 % | 35 % aprox. | Alta | Montar y cocinar |
| Alternativas vegetales | Muy variable | Depende de los ingredientes y del producto | Cocina, salsas y postres |
Importante: estos valores son orientativos. El porcentaje de materia grasa y las calorías pueden variar considerablemente entre marcas y productos, por lo que conviene revisar siempre la información nutricional del envase.
¿Cuántas calorías tiene la nata?
Las calorías de la nata dependen principalmente de su porcentaje de materia grasa. Cuanta más grasa contiene, mayor suele ser su densidad energética. Por eso una nata para montar del 35 % puede aportar bastante más energía que una nata ligera para cocinar.
No existe, por tanto, una cifra única válida para todas las natas. Para saber cuánto aporta realmente el producto que tienes en casa, lo más fiable es consultar el valor energético de su etiqueta y después calcularlo según la cantidad que vas a utilizar.
Calorías por 100 ml
Las calorías por 100 ml son especialmente útiles porque permiten comparar dos productos en igualdad de condiciones. Por ejemplo, una nata para montar Carrefour Classic con un 35 % de materia grasa declara actualmente 336 kcal por 100 ml, junto con 35 g de grasa.
No conviene aplicar esa cifra a todas las natas. Una nata para cocinar con menos materia grasa puede aportar considerablemente menos energía, por lo que siempre debemos mirar la etiqueta concreta antes de decidir cuál elegir.
Calorías de una cucharada de nata
Saber las calorías por 100 ml está bien para comparar productos, pero en la práctica probablemente sea más útil calcular cuánto aporta una cucharada de nata. Si utilizamos aproximadamente 15 ml, estaremos consumiendo solo una fracción de las calorías indicadas por cada 100 ml.
Por ejemplo, si una nata aporta 336 kcal por 100 ml, unos 15 ml aportarían aproximadamente 50 kcal. Es una estimación, ya que el volumen real de una cucharada puede variar y la composición depende del producto.
Calorías de 30 ml de nata
Una cantidad de 30 ml equivale aproximadamente a dos cucharadas y puede ser una ración bastante realista para dar cremosidad a una salsa, una sopa o un café. Utilizando como ejemplo una nata de 336 kcal por 100 ml, 30 ml aportarían unas 101 kcal.
Puedes calcular cualquier cantidad con esta sencilla fórmula: calorías por 100 ml × ml consumidos ÷ 100. Así podrás valorar mucho mejor si la nata engorda dentro de tu receta que limitándote a mirar las calorías del envase completo.
¿Engorda más la nata o la leche?
En cantidades equivalentes, la nata suele aportar bastante más energía que la leche debido a su mayor proporción de grasa. Una nata del 35 % concentra mucha más grasa que una leche entera y, con mayor diferencia todavía, que una leche semidesnatada o desnatada.
Esto no significa que la nata sea “mala” y la leche “buena”. Son alimentos con composiciones y usos diferentes. Además, normalmente bebemos 200-250 ml de leche, mientras que la nata suele utilizarse en cantidades mucho menores dentro de una receta.
Leche entera, semidesnatada y desnatada
Entre las propias leches también existen diferencias. La leche entera conserva más grasa, la semidesnatada contiene una cantidad intermedia y la desnatada reduce considerablemente esta fracción, por lo que generalmente disminuye también su aporte energético.
Por eso, si comparas 100 ml de nata con 100 ml de leche, la nata suele ser claramente más energética. Pero para saber qué contribuye más a tu dieta diaria hay que comparar también las cantidades reales consumidas.
¿Engorda más la nata o el queso?
No podemos afirmar que la nata engorda siempre más que el queso. Existen quesos frescos relativamente poco energéticos y quesos curados con una elevada concentración de grasa y calorías, igual que existen diferentes tipos de nata.
La comparación correcta consiste en revisar el valor energético por 100 g y, sobre todo, la ración habitual. Puedes consumir 20 ml de nata en una receta pero 80 g de queso, por ejemplo, y eso puede cambiar completamente cuál de los dos aporta más energía.
La ración es tan importante como las calorías por 100 g
Los valores por 100 g permiten comparar nutricionalmente dos productos, pero no reflejan necesariamente cuánto comemos. Un queso muy energético utilizado en una pequeña cantidad puede aportar menos calorías que una gran cantidad de una nata menos energética, y viceversa.
Por eso, en lugar de preguntarnos únicamente si la nata engorda más que el queso, conviene valorar el tipo de queso, el porcentaje de grasa de la nata y la cantidad consumida de cada uno.
Nata 35 materia grasa Mercadona: ¿qué mirar?
Si buscas nata 35 materia grasa Mercadona, lo más importante es comprobar la etiqueta del producto disponible en ese momento y confirmar que contiene realmente alrededor de un 35 % de grasa. Las referencias, formatos y formulaciones comerciales pueden cambiar, por lo que no conviene basar la elección únicamente en información antigua de internet.
Las fichas comerciales consultadas actualmente muestran una nata para montar Hacendado alrededor del 35 % de grasa, con aproximadamente 335-336 kcal por 100 ml, pero es preferible considerar estos datos como una referencia y confirmar siempre el envase que encuentres en tienda.
Cómo comparar las natas de Mercadona
Primero compara la energía y las grasas por 100 ml. Después revisa las grasas saturadas, hidratos de carbono, azúcares, proteínas e ingredientes. Esto permite distinguir si dos productos aparentemente similares tienen realmente una composición parecida.
Finalmente piensa en el uso. Si necesitas montar nata, el porcentaje de materia grasa tiene una función tecnológica importante; si solamente quieres aportar cremosidad a una salsa, quizá puedas utilizar una nata con menos grasa. También importa mucho cuánto producto vas a utilizar en la receta.
Nata 35 materia grasa Carrefour: ¿qué opciones comparar?
Si buscas nata 35 materia grasa Carrefour, compara los productos disponibles por 100 ml y no únicamente por precio o por las palabras “para cocinar” o “para montar”. Actualmente Carrefour comercializa, entre otras referencias, una nata Classic para montar con 35 % de materia grasa, 336 kcal y 35 g de grasa por 100 ml.
También aparecen en su catálogo natas con composiciones diferentes, incluida una versión para cocinar ligera del 15 % de materia grasa. Esto demuestra por qué dos envases situados en la misma sección pueden aportar cantidades muy distintas de grasa y energía.
¿Mercadona o Carrefour?
No elegiría automáticamente uno de los dos supermercados pensando que su nata “engorda menos”. Lo correcto es enfrentar las etiquetas de los productos concretos: calorías, materia grasa, grasas saturadas, ingredientes y cantidad que vas a utilizar.
Por tanto, entre una nata 35 materia grasa Mercadona y una nata 35 materia grasa Carrefour, gana para ti la que mejor se adapte a la receta y a tus objetivos nutricionales. Si ambas rondan el 35 % de grasa y tienen una composición energética muy parecida, la diferencia calórica probablemente será pequeña; la cantidad utilizada seguirá siendo mucho más importante.






